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Recomendaciones para montar en un paseo a caballo




NO CIRCULE POR LA IZQUIERDAA LO LARGO DE UNA CARRETERA

Con respecto al código de circulación, el caballo montado se asimila a un vehículo. Por tanto, todo jinete debe circular en carretera por la derecha para cumplir las normas. También es necesario respetar las señales de circulación y los stops. Sin embargo, hay un truco que le permite ir por una carretera en dirección contraria. Basta conducir el caballo de la mano con el ronzal. Después de haberle quitado el bridón, el caballo no montado ya no se asimila a un vehículo, sino a un «animal llevado de la mano»; ¡al igual que un perro con correa y collar!


NADA DE GALOPE AL SALIR DEL AGUA

Si ya ha comprobado el placer de un baño a caballo, sabrá que su montura, vigorizada por el baño, experimenta al salir, el deseo de galopar. Sobre todo, no deje que su caballo se lance a una carrera desatinada sin que se haya calentado previamente. Los músculos de las extremidades, enfriados por el agua, pierden flexibilidad. La experiencia me ha demostrado que entonces sufren los tendones. Para evitar tendones agarrotados y cojera, recuerde que su montura ha de calentar antes de lanzarse a un agradable galope por la arena, con «la nariz en las orejas».

NO GALOPE SOBRE EL ASFALTO

Propóngase cumplir el principio de no galopar nunca sobre una carretera asfaltada. Contrariamente a lo que sucede con el trote, donde el caballo raramente patina, los impulsos del galope hacen resbalar las herraduras sobre la superficie dura del asfalto. El pobre caballo no sólo corre el riesgo de resbalar hasta caer, sino también de magullarse un músculo. Excepcionalmente, sólo los caballos muy equilibrados pueden galopar por la carretera.

NO AVANCE DEMASIADO RÁPIDAMENTE SIN VISIBILIDAD

Al igual que un vehículo, el caballo necesita cierta distancia para detenerse cuando va lanzado a ritmo vivo. Aún más cuando el terreno carece de adherencia. Si el camino no presenta visibilidad, mantenga el dominio sobre su montura. Corre el riesgo de tropezar con un árbol abatido o con un peatón aterrorizado. El accidente es de temer, tanto si se trata de colisión como de heridas del caballo en los pies delanteros. En el bosque, los accidentes son frecuentemente dramáticos, pues el jinete puede chocar contra un árbol.

 


NO VUELVA A ENTRAR A UN CABALLO CON SUDOR

 

Todo amante de los caballos, respetuoso con la salud de su montura, nunca hace volver de paseo a un caballo cubierto de sudor, especialmente en las estaciones frías. Si transpira durante un esfuerzo, tómese tiempo y vuelva al paso para que se seque. No lo deje en una caballeriza fría o en un lugar con corriente de aire, sin haberle restregado concienzudamente con un puñado de paja seca. Al frotar vigorosamente, la paja se impregna del sudor y seca el pelo. Otra posibilidad: friccionar las partes sensibles (riñones, pecho y cuello) con alcohol, el cual elimina el sudor al evaporarse.

FUERA DE UN CERCADO NO DEJE AL CABALLO SIN ATAR

Usted puede enseñar a su caballo a que permanezca inmóvil sin atarle, pero no lo deje sin vigilancia, pues ello implica correr el riesgo de que se asuste y se escape. Presa del pánico, es raro que un caballo vuelva a usted como si fuera un perro, que acude a una simple llamada. No ate el ronzal demasiado bajo, pues el caballo podría trabarse los pies. Si se asusta, se corre el riesgo de que se agite, provocando una lesión, como consecuencia del roce de la cuerda sobre la piel sensible de una articulación. La altura adecuada para el punto de atadura es 1,30 m. No lo ate demasiado corto privándole de libertad. Observe que la elasticidad de la cuerda aumenta con su longitud. En los paseos y excursiones, siempre es preferible atarlo a una rama flexible, pues la mayoría de caballos no soportan un punto fijo y se echan bruscamente hacia atrás, porque se sienten prisioneros.


NO PERMANEZCA HACIA ATRÁS EN LAS SUBIDAS

En equitación, "permanecer hacia atrás» significa: cargar todo su peso sobre la parte posterior de la silla. Eso estorba el movimiento del lomo y de las extremidades posteriores del caballo. En las subidas, él necesita arquear su lomo para impulsar con sus extremidades posteriores. No estorbe sus movimientos. La posición correcta consiste en colocarse en suspensión, por encima de

los estribos, inclinándose hacia adelante. Agarre un buen puñado de crines a mitad del cuello para mantener el equilibrio y, sobre todo, déjele recuperar el aliento en la cima de la cuesta. Con respecto a otros animales, como el perro, el caballo tiene dificultades para franquear declives fuertes. Una simple escarpa puede obstaculizarle el camino.

NO SALTE NUNCA UNA CADENA

En numerosos bosques patrimoniales, los caminos prohibidos a los vehículos impiden su paso con una barrera consistente en dos estacas unidas por una cadena con candado en un extremo. A caballo, es muy tentador saltar la cadena, que suele estar a baja altura, a unos cincuenta centímetros por encima del suelo. Sobre todo, no la salte, pues una cadena previamente tocada se balancea debajo del caballo. Al no distinguir este balanceo, el caballo puede herirse enganchándose a la cadena con una extremidad posterior. ¡Deje los placeres del salto para los obstáculos fijos!

¡NO LE OCULTE EL PELIGRO!

En los senderos escarpados de montaña, usted puede sentirse reaimente inquieto al mirar el precipicio que se abre a un costado. Se debe saber que el caballo está menos sujeto al vértigo que el hombre. Guárdese de ocultarle el vacío. Por el contrario, muéstreselo y puede estar seguro de que él permanecerá en el camino. Asustado por cualquier objeto, el caballo también puede lanzarse contra un coche o hacia un hoyo. En el último momento, gírele la cabeza hacia el verdadero peligro y no cometa el error de girársela en sentido opuesto. Le ocultaría el verdadero peligro.


PÁRESE PARA QUE ORINE

Si el caballo que usted monta afloja el paso, se retuerce, y si usted siente, sin razón aparente, que algo no va bien, párese. El caballo experimenta realmente necesidad de orinar. Póngase en suspensión encima de sus estribos y alivie sus riñones inclinándose hacia adelante. Al observar orinar un caballo (o una yegua), podrá comprobar que él (o ella) necesitan abrir sus extremidades posteriores. Deje a su montura que se vacíe completamente antes de volver a sentarse y reanudar la marcha. De excursión, es una buena costumbre pararse sistemáticamente después de varios kilómetros en un lugar con arena o tierra, para dejar orinar al caballo. En un grupo, constatará que la micción es contagiosa. ¡Siempre esos viejos instintos gregarios que dominan el grupo!

NO ADELANTE A OTRO CABALLO SIN AVISAR

En un grupo, la mejor manera de correr algún riesgo, como por ejemplo una coz, consiste en adelantar rápidamente a los otros caballos. El instinto de carrera del caballo le impulsa a acelerar cuando uno de sus congéneres le adelanta. Otra reacción clásica: el caballo algo receloso suelta una enérgica coz al que se le acerca demasiado. También puede derribar a su jinete, y existe igualmente el riesgo de herir a aquel que se disponía a adelantar. Observe que el contacto de dos caballos que no se conocen genera frecuentemente reacciones de agresividad. ¡Se impone una justa prudencia!


¡DÉJESE VER POR LA NOCHE!

Un error que no se debe cometer es circular de noche sin alumbrado, por una carretera, bajo pretexto de que el caballo ve mejor que nosotros y que los automóviles llevan sus faros encendidos. Los automovilistas tienen frecuentemente reacciones inesperadas al descubrir caballos con la luz de los faros. Deslumbrados, caballos y jinetes tienen dificultades para situarse bien. Incluso en la penumbra, los colores neutros de los caballos y de los jinetes se ven mal. Primera precaución: lleve prendas de vestir de color claro, que se distingan bien en la penumbra. En el brazo o en el estribo, lleve una luz, tipo lámpara de ciclista. En el arzón de la silla o en la parte posterior de las albardas, coloque un trozo de cinta fluorescente, como la que se utiliza para señalización. Es notablemente visible cuando recibe la luz de los vehículos.

 

 

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