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Historia del caballo en la Argentina


Nuestro país siempre se ha caracterizado por las enormes distancias a recorrer: entre los llanos interminables de la Pampa hasta lo alto de la Puna, sin olvidar las arideces de la Patagonia. El caballo ha sido en todos esos lugares uno de los ejes principales para el desarrollo regional.

Hoy en día con el auge y la expansión de los vehículos todo terreno o camionetas 4x4, el uso del caballo ha disminuido, y es evidente. Sin embargo, ninguna tecnología puede reemplazar el arte de montar a caballo. En realidad, ningún avance tecnológico ha logrado hacer desaparecer por completo las tradiciones en Argentina, de manera que podemos decir con orgullo que el uso del caballo sigue vigente, con la fuerza de los nuevos jinetes que alientan a las generaciones que vienen.

Es importante recalcar que el caballo, al tratarse de un ser vivo, otorga ventajas inestimables frente a la frialdad del vehículo. Eso por no mencionar que en realidad sigue siendo imposible para las camionetas entrar en lugares alejados donde apenas entra un animal –y muchas veces son lugares donde el hombre solo tampoco puede con el ambiente. Es por eso que el caballo es el punto de equilibrio, la unión del hombre y la tierra; la naturaleza en su máxima expresión. Quizás sólo unos minutos antes de que la humanidad olvidara montar a caballo, ya estaba signado su destino: el primer paso en el descuido de la ecología.

Los caballos fueron tan importantes en la historia argentina que para cuidarlos se prohibieron las corridas de toros que usaban caballos de rejoneo
Sería utópico volver a los orígenes y regresar a un tiempo lejano a la invención de los vehículos a motor, pero de todas maneras es posible mantener un estilo de vida que sea acorde a las tradiciones. Pero recordémoslo: no se trata apenas de una tradición, sino de la necesidad de volver a cuidar del ambiente.


Hace más de medio siglo, Emilio Coni nos regalaba estas frases inolvidables sobre la historia del caballo en Argentina, recordándonos que los primeros caballos que corrieron por las pampas fueron los traidos por Pedro de Mendoza en el año 1536. 

 
"La introducción del caballo en el Río de la Plata simultánea con la del hombre blanco y ambos se extendió rápidamente por toda Sudamérica; Buenos Aires, Santa J Corrientes en el Litoral, así como el Tucumán, contaron él desde los primeros tiempos de la Conquista. En la seg¡ fundación de Buenos Aires, a los dos años de la misma, Sf contró Garay con una numerosa prole cimarrona, descendi de los primeros padrillos y yeguas abandonados a su suerte Mendoza en 1541.

En 1600, su número era grande, según nos lo hace s; con la exageración propia de la época, el gobernador Vale de la Banda, quien en una carta de ese año dice así:

••... digo que don pedro de mendoza que fue el primer poblad( esta ciudad y Puerto trajo aqui caballos y yeguas que se quedaron I campaña de esta tierra que es muy llana ancha y larga y en mas de ¡ guas no se halla una tan sola piedra teniendo en mas de 100 leguas redonda tanta cantidad de yeguas y caballos que parecen montes cuan, ven de lejos y son tantos en numero que exceden a aquel gran nu que dicen las historias que habia en las dehesas de la provincia de 1 de que se servían los Reyes de persia ... " 1
Tenemos, pues, ya potros cimarrones para domar, diveI preferida del criollo y en la cual éste utilizará procedimie escandalosos para los españoles, acostumbrados a otros mét, más suaves de educación hípica. La doma de potros, efecn en la forma brutal criolla, la encontramos a veinte años j sos de la fundación de Buenos Aires, descrita en la misma ( citada del gobernador Valdés, donde dice que:

••... domanlos de manera que no los dejan de provecho porque en o cuatro días andan ya en ellos y les hacen hacer cualquier cosa de bajo y como el hacer esto es con tanta violencia y brevedad queda l1 dinario el caballo de poco provecho."

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