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Consejos para los diferentes tipos de caballos


NO ESQUILE A UN CABALLO QUE HAYA DE PERMANECER EN LA DEHESA

Desde los primeros fríos del invierno, un espeso pelaje recubre progresivamente a los caballos: es el pelo de invierno que les protege del frío. Los que viven en caballerizas están generalmente esqui

lados, pues el pelaje de invierno dificulta la limpieza y favorece la transpiración. Por el contrario, no se debe esquilar al caballo que haya de permanecer en la dehesa, ya que necesita esa capa natural para protegerse del frío.

Si su tipo de caballo es islandés o de razas europeas que están preparados para el frío, además gozarán del brío de sus pelajes.

NO LE ATE EN UN LUGAR CON CORRIENTES DE AIRE


El caballo es notablemente resistente, pero teme las corrientes frías de aire, sobre todo si está mojado por la transpiración. Observe el comportamiento del caballo en la dehesa: cuando llueve, gira las nalgas al viento y baja la cabeza para protegerla de la lluvia. Si está atado en un lugar con corrientes de aire, no puede orientarse tal como desearía. ¡Piense en este tipo de detalles, pues su salud depende de ellos!

NADA DE AGUA FRíA SI ESTÁ SUDADO

Los intestinos del caballo son frágiles y frecuentemente los cólicos son temibles. Al volver del entrenamiento, el caballo ha transpirado y tiene sed; pero dele de beber únicamente pequeñas cantidades y estriéguelo, para secarlo, friccionando con un puñado de paja seca. Cuello, pecho y riñones son los puntos más sensibles.

 

UNA MANTA PARA CADA CABALLO

 

Evite utilizar la manta de silla o los instrumentos de limpieza de una cuadra desconocida. En efecto, el polvo contenido en el cepillo o en la manta sirve de vehículo para los parásitos de la piel, con el riesgo de que contaminen a todos los caballos. Por consiguiente, es aconsejable destinar una bolsa de limpieza y una silla a cada caballo por separado.

NUNCA EXCESO DE AZÚCAR

Evite dar azúcar a su caballo demasiado frecuentemente, aun cuando quiera recompensar su buen comportamiento. Si se les recompensa demasiado a menudo de este modo, los caballos se vuelven caprichosos y exigentes.

 

LOS CABALLOS NECESITAN SOL

 

Numerosos caballos, albergados en clubs urbanos, prácticamente no ven nunca el sol. Su vida se reparte entre largos períodos de ociosidad en la cuadra y el picadero cubierto. Su salud exige, no obstante, una larga exposición diaria a la l

uz del sol. Los rayos ultravioletas del sol son necesarios para el adecuado desarrollo de los huesos del potro. En caso contrario, existe riesgo de raquitismo, ya que la vitamina D, indispensable para el crecimiento de los huesos, no puede asimilarse sin la acción del sol. El caballo también necesita sol para su moral. Si permanece todo el año en la cuadra, déjele vivir libremente en la dehesa, al menos un mes cada año. ¡Esto forma parte de sus derechos!

 

NADA DE ESFUERZOS DESPUÉS DE LA COMIDA

Después de una comida, calcule alrededor de dos horas de digestión antes de someter al caballo a esfuerzos; sobre todo, si le pide que salte. La digestión representa en sí misma suficiente trabajo y el peso de la ración hincha el estómago. Así pues, piense en fraccionar las comidas y en organizar el trabajo en función de ellas. Usted facilitará así su digestión.

CABALLO ENTERO: NO TOLERE QUE LE EMPUJE CON EL HOMBRO

Antes de pelearse, los caballos se entregan a una serie de actitudes rituales de intimidación. Una de ellas, utilizada muy particulamente por los caballos enteros, consiste en probar al adversario dándole «empujones con el hombro» para hacerle recular. Cuando usted esté de pie, el caballo que quiera probarle, utilizará el mismo movimiento de intimidación. Sobre todo no recule y rechácele vivamente si él le empuja. Especialmente si utiliza caballos enteros, no cometa el error de dejarse dominar, pues el caballo no lo olvidará. ¡Usted debe representar el papel dominante y no al contrario!

 

Tipos de problemas que pueden tener los caballos

 

 

CUIDADO CON LOS CABALLOS QUE NO SE CONOCEN

En el picadero, o al aire libre, sea prudente cuando ponga en contacto a dos caballos que no se conozcan. Generalmente, el caballo avisa antes de cualquier manifestación de agresión. Dispone de una serie de actitudes de intimidación: acostar las orejas descubriendo los dientes, levantar una extremidad posterior de manera disuasoria, caracoleas, etc. Sin embargo, algunos ejemplares ocultan bien sus intenciones y atacan en el momento más inesperado, incluso después de un largo período de contacto. En realidad los caballos tienen algunas veces comportamientos muy complejos. Sea desconfiado, ¡SU seguridad depende de ello!

CABALLOS PASTANDO: CUIDADO CON LAS GASTRÓFILAS
¿Ha observado usted los pequeños puntos amarillos sobre los miembros de los caballos que permanecen en la dehesa? Se trata de huevos de las moscas denominadas gastrófilas. Al lamerse, el caballo los introduce en su organismo. Allí se desarrollan bajo forma de parásitos. Estos huevos son muy difíciles de arrancar. Un truco expuesto en otro libro de esta colección indica que es suficiente recubrir las zonas afectadas con vinagre tibio para que se desprendan los huevos.


Mantenga cualquier tipo alejado de microbios y de focos de infección que perjudican la salud del caballo, pues a menudo come incluso del suelo. Además, la córnea de los cascos se reblandece y pudre con el contacto constante con la orina. Hay que temer también la podredumbre de la ranilla del casco. Por todas estas razones, retire cada día el estiércol de las cuadras y realice una limpieza a fondo para desinfectar el suelo con frecuencia. Los insectos parásitos se alojan en el fondo de las grietas del hormigón o en las junturas de piedra. Podrá observar además que las moscas proliferan menos en las caballerizas limpias.

DESCONFíE DEL CABALLO CON RODILLAS HERIDAS POR CAíDAS

Desconfíe del caballo cuyas rodillas estén recubiertas con pelos blancos. En efecto, es necesario saber que después de una herida profunda, crecen pelos blancos. Situados en las rodillas, atestiguan que el caballo tiene tendencia a caer sobre ellas. Es un defecto grave que compromete la seguridad del jinete.

PIES DEMASIADO SECOS: ¡PELIGRO!

Todos los manuales de cuidados del caballo aconsejan «hacer regularmente los pies al caballo». Esta operación consiste en engrasar el tejido córneo de los cascos. Para conservar su flexibilidad natural, el casco debe mantener cierto grado de humedad, que la hierba del pasto y el rocío matinal le prodigan. Pero en la cuadra, sobre la paja, el casco se seca, se endurece, se encoge y pierde toda flexibilidad. Entonces el casco puede rajarse y comprimir la carne viva que lo rodea. Por consiguiente, es indispensable engrasar regularmente el casco con un ungUento para pies.

NO HAGA TRABAJAR A UN CABALLO DEMASIADO JOVEN

Desde los tres años, la mayoría de los caballos han alcanzado su talla adulta. Sin embargo, aún son frágiles en numerosos puntos: los cartílagos de los huesos de la cabeza no están formados todavía. Además, cualquier esfuerzo violento salto de obstáculos o prolongado pruebas de resistencia desgastan irremediablemente estos puntos sometidos a fuertes presiones mecánicas. Los reglamentos de competición son estrictos al respecto y prohíben la mayor parte de competiciones a los caballos de menos de cinco años. Aun cuando su caballo le parezca grande y fuerte, exíjale solamente esfuerzos de floja intensidad. Si le trata con miramientos en sus años jóvenes, dispondrá en el futuro del placer de montarle durante mucho tiempo.





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