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Costumbres argentinas

 

Las costumbres argentinas son una de las claves por donde debe ingresar toda persona que quiera conocer el país, entrando en contacto con la cultura. Se trata de algo más de lo que figura en la canción "Costumbres argentinas" de los Abuelos de la Nada, donde dirá: "tengo en la mano una carta". Si bien es cierto que los naipes forman parte de toda una serie de costumbres, los naipes como el truco, las reuniones en torno al asado, el juego del pato y demás, entrar en el mundo de las tradiciones de la Argentina no es algo sencillo. Por eso proponemos un abordaje histórico, que nos permita acercarnos a los orígenes de las cosas que hoy son cotidianas, a vuelo de pájaro.


EL MATE

Apenas llegados los españoles adoptaron la costumbre paraguaya del mate, no sin sufrir las reprensiones de algunos moralistas, tal como el gobernador Marín Negrón que, en 16II, decía que el mate era "un vicio abominable y sucio que nar algunas veces en el dia la yerba con gran cantidad , agua caliente".9
Archivo de Indias, 74-4-12.
"Carta del Padre Cattaneo, 20 de abril· de 1730", en Revista de B~ es, t. VIII, pág. 320.
Archjvo de Indias, 74-4-12. Copia en Biblioteca Nacional, 74-2129,

La misma costumbre del mate, pensaba el austero Hernandarias lo siguiente en 1617:
"Grandes inconvenientes que hay en beverla y uso de tomarla el xndido hasta el peru porque en esta provincia y la de tucuman es muy rste vicio por demas de ser sin provecho y que consumen y gastan mdas en comprarla hace a los hombres viciosos, haraganes y abominables".

 

 

Costumbres de caballos: los desjarretaderos

 

Volviendo a lo que está relacionado con los caballos, Emilio Coni nos cuenta de una costumbre que fue comenzada por los gauchos en el comienzo de la existencia de los criollos en Argentina. Según sus palabras:

La filosa media luna colocada en la punta de una tacuara y que servía para desjarretar de a caballo las reses que se quería matar, es mencionada por primera vez en una carta de Hernandarias del 26 de setiembre de 1621

En esa carta, Hernandarias dice que confiscó "los desjarretaderos" de los santafesinos, al tiempo que prohibía las vaquerías hechas con único objeto de cuerear o sebear. Sobre la forma en que se usaban estos instrumentos, nos ilustra, un siglo después, el Padre Cataneo en los siguientes términos:

"El sistema de que se valen para hacer en brevísimo tiempo tantos estragos es el siguiente. Se dirigen en una tropa a caballo hacia los lugares que se sabe se encuentran muchas bestias, y llegados a la campaña completamente cubierta se dividen y empiezan a correr en medio de ellas, armados de un instrumento que consiste en un fierro cortante de forma media luna puesto a la punta de una hasta, con el cual dan al toro un golpe en una pierna de atras, con tal destreza que le cortan el nervio sobre la juntura; la pierna se encoje al instante, hasta que después de haber cojjeado algunos pasos, cae la bestia, sin poder enderezarse mas; entonces siguen a toda la carrera del caballo hiriendo otro toro o vaca, que apenas con el golpe se imposibilitan para huir. De este modo diez y ocho o veinte hombres solos postran en una hora siete u ochocientos. Imaginaos que destrozos haran prosiguiendo esta operación un día entero y a veces mas. Cuando estan saciados se desmontan del caballo, reposan y se restauran un poco. Entre tanto, se ponen a la obra los que han estado descansados, y enderezando los animales derribados, se arrojan sobre ellos a mansalva, degollándolos, sacando la piel y el sebo, o la lengua, abandonando el resto para servir de presa a los cuervos".

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