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Carreras de caballos

 

Las carreras de caballos fueron consideradas durante muchos años como un deporte de reyes en Europa pero la realidad es que todo amante del pura sangre es también amante del espectáculo que nos brinda el turf. Este equino, el pura sangre,  llegó a convertirse en un verdadero atleta gracias a los estudios genéticos realizados por el hombre y por supuesto en función también de la misma selección.

Haciendo un poco de historia de este deporte, las primeras carreras de caballos (llamadas cuadreras) se remontan a fines del siglo XVII y quizás principios del XVIII. Estas carreras eran realizadas en espacios rectos y de corta distancia. Quienes asistían  a estas carreras en nuestro país eran los mismos pobladores de la región. Pero con el tiempo y a partir de la influencia europea estas carreras se fueron complejizando y organizándose. De esta manera, en el año 1826 se realizaron en el sur de la provincia de Buenos Aires las primeras carreras “a la inglesa” pero el pueblo no miró con buenos ojos a esta nueva modalidad de carrera. Por lo que continuaron realizándose con igual entusiasmo las “cuadreras”.

Recién a mediados del siglo XIX se realizó en un hipódromo un tanto improvisado otra carrera con las mismas características y tuvo una mayor aprobación. Comenzaron a realizarse con mayor frecuencia este tipo de carreras, contando con el apoyo de la “Foreign Amateur Racing Society”. Lo que sí nos diferenciaba de la tendencia europea eran los caballos utilizados para la actividad hípica en ese entonces. Eran caballos criollos y unos pocos mestizos (cruza de criollos con algunos ejemplares traídos en las invasiones inglesas en 1806).

Pero hubo que esperar un par de años más hasta 1860 para que se llegase a realizar la primera “Buenos Aires Gold Cup” que, como su mismo nombre indica,  tuvo una importante apronta inglesa en su organización. Así el primer Hipódromo en abrir sus puertas fue el de Belgrano unos años antes de este evento. Luego fueron abriéndose otros hasta que en el año 1876 se inauguró el Hipódromo Argentino. Allí se realizaron distintos tipos de carreras, tanto “a la inglesa” como otras más criollas.

De acuerdo con los registros oficiales, fue a partir de esta época aproximadamente que comenzaron a llegar a nuestro país equinos sangre pura de carrera. Así se inició todo un proceso que culminaría en la cría de caballos de carrera, para la cual se tuvieron siempre en cuanta la constancia en las actuaciones de los equinos. Esto por supuesto con el adecuado registro de la genealogía de los diferentes ejemplares y su descendencia. De esta manera, antes de organizar las carreras se recurría a estos archivos para organizarlas bajo cierta seguridad.

Este tipo de  documentación se centralizó en el año 1882 con la fundación de la Secretaría del Jockey Club. Así luego se logró realizar una publicación del Stud Book Argentino. Esta publicación fue un tanto controversial dado que a partir de ese momento se consideró como pura sangre tan solo al equino que figurase en dichos registros. De esa manera los criadores se vieron compelidos a ser más estrictos y rigurosos con el proceso de inscripción de sus crías para caballos de carrera. Esta publicación se publicaba cada bienio.

El primero de agosto del mismo año de esa publicación se elaboró el Reglamento de Carreras en el que aparecían confeccionadas las reglas básicas de esta actividad. Es decir que no sólo tenía normas que afectaban a los participantes de las mismas (caballos y jockeys) sino a su vez daba normativas respecto de los hipódromos y sus características físicas en general.

Este reglamento fue aprobado por la Comisión Directiva del Jockey Club. Desde entonces este deporte te organizó más a lo largo de todo nuestro país y es hoy una de las actividades que convoca a una importante cantidad de aficionados del mundo equino como así también a algunos aficionados a las apuestas.

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